¿QUÉ ESTÁ PASANDO EN EL PP?

 Después de lo ocurrido en Murcia tras la moción de censura en la Asamblea, nos están vendiendo varias motos, a saber: qué importante es Murcia que influye en la política nacional y qué brillantes han sido Teo y Casado salvando al gobierno de López Miras y constituyendo a Murcia en la nueva Covadonga desde donde se refundará el gran partido de derechas que la gente conservadora espera. Es exactamente al contrario. Lo de Murcia es, con mucho, el fiasco más gordo de Teo y Casado y demuestra, además, que Murcia no influye en la política nacional sino que es el laboratorio de pruebas, el lugar donde se hacen los experimentos más cutres porque lo que nos ocurra a los murcianos no importa. ¿Ha hecho el PP un gobierno con un  50% de tránsfugas-frikis en Madrid, en Cataluña o en Navarra? No se atreverían. Pero Murcia les da igual: hemos hecho un ridículo a nivel europeo, nuestra imagen está por los suelos y las evidencias de falta de calidad democrática y de existencia de un régimen caciquil que hace inútiles hasta las elecciones nos va a lastrar por décadas.

Cronología. Es muy importante seguir la estela de los acontecimientos en el seno del PP nacional desde que Teo  y Casi se hicieron con el partido porque ésa y no otra es la clave de lo ocurrido en Murcia y, sobre todo, debido al descontento que hay en el partido con ellos en los últimos tiempos. Desde que Casado lidera el partido, el PP ha perdido todas las elecciones autonómicas y generales a que ha concurrido. Salvo una excepción, Galicia, donde se encuentra precisamente el mayor rival y/o amenaza para el dúo de zagalones. Queda como hito histórico aquella campaña que dirigió Teo y que dejó al PP con su peor resultado de la historia, 66. Al borde del ERE en delegaciones autonómicas. Después de una actitud irresponsable y poco patriota durante la pandemia (estado de alarma sí- estado de alarma no) y unos bandazos ideológicos que denotan falta de rumbo político (la fotito de la plaza de Colón o somos de centro) se pegaron el batacazo en las catalanas donde  Vox les pasó muy de largo. Y ahí comienza lo de Murcia.


Clamor. Todos los barones se plantaron en Génova y les exigieron responsabilidades hartos de la sangría de votos que sufre el partido y el crecimiento constante de su verdadero rival, Vox. Querían la cabeza de Casado pero ahí éste, dice que vende la sede para empezar de nuevo y gana unos días. La cosa seguía chunga, el partido levantisco y entonces se produjo la “operación Arrimadas”. La moción de censura no era una, en Murcia, ni siquiera la nuestra era la primera. La gorda, la buena, era  la de Madrid. Cs se iba con el PSOE e iba a despojar a Teo y Casi de sus últimos reductos autonómicos a los que, tras  las catalanas, pidieron más pasta a los barones pues tanta debacle electoral y la subsiguiente pérdida de cargos electos está metiendo al partido en una difícil situación económica. Miras se enteró de la moción y avisó a Zipi y Zape. Quiso convocar elecciones pero estos, que son mu caguetas, no le dejaron. Ayuso, que me parece un peligro, está hecha de otra pasta y pese a que intentaron frenarla, pasó de ellos y convocó elecciones para salvar su pellejo cuando  varios diputados naranjas  iban ya de camino, me consta, a presentarle la moción de censura.

El nuevo relato. Todos sabemos que Miras sabía lo de la moción desde el mismo momento de la firma porque los mismos tránsfugas le avisaron y todo el PP sabía que Teo y Casi no se habían atrevido con las elecciones. Ni qué decir tiene que el malestar en el PPRM con Teodoro García fue brutal. Muchos recordaban que allí por donde pasa acaba gobernando el PSOE, léase Cieza. Y entonces aparecieron los tránsfugas. La salvación. Ellos mismos llamaron cuando el PP había tirado la toalla. Zipi y Zape se vinieron para Murcia y han vendido la moto de que han salvado al partido, a la región y creado un nuevo proyecto de derechas. No. Han vendido medio gobierno a 5 tránsfugas, han metido a la extrema derecha en Educación, han arrasado las expectativas de su propio partido y han dejado a Murcia como lo peor a nivel estatal. ¿Para qué? Para salvarse ellos que estaban al borde del abismo. ¿Y el 1.400.000  murcianos? ¿Y la gente decente del PP? Eso a estos dos no les importa. ¿Se imaginan algo así, un gobierno con 50% de tránsfugas en Dinamarca, Suecia o Alemania? Yo tampoco.


Lópe Miras. Y por si todo esto fuera poco, se dice que el presidente ha perdido el norte. Todos sabemos que en deporte, en boxeo, fútbol o tenis es importante tener pillado el truco a situarte bien en la cancha. López Miras, designado a dedo por PAS arrojó muchas dudas en principio, luego, con buenos asesores y una excelente campaña mediática en teles nacionales ha ido mejorando. ¿Su mejor virtud? Que sabía escuchar siendo consciente de sus limitaciones. Pero se comenta incluso desde el mismo ámbito del partido popular que FER ha perdido el sitio. Y un boxeador que pierde el sitio en el cuadrilátero se las lleva todas. Fuentes cercanas al gobierno regional me aseguraban que el acuerdo de gobierno con Martínez Vidal estaba amarradísimo. Pero no terminaba de cerrarse y eso me hizo sospechar que la cosa no iba bien. Hay dos factores a mi juicio que nos han llevado a este caos previo al Santo Advenimiento de la extrema derecha: uno, la obsesión por presentar a FER sí o sí y dos, la imprevisibilidad de Martínez Vidal ( y sus asesores) que volvió locos a los populares. Y si FER ha salido de la montaña rusa emocional que suponía Vidal huye hacia adelante metiendo en un gobierno-tránsfuga -friki a personas como Álvarez, Miguélez o Franco y para rematar una consejera ex vox que parece apuntar maneras en asuntos como terraplanismo o rollo antivacunas. Las frivolités, ocurrencias y paridas van a estar a la orden del día y esto no se sostiene. FER y su empecinamiento en volver a presentarse nos está hundiendo. López Miras tiene la oportunidad de cerrar esto con dignidad convocando elecciones y que sea lo que Dios quiera o seguir con este despropósito que provocará que sea recordado como el presidente que vendió una sociedad a la extrema derecha, hundió su partido y, peor, trajo a los frikis al gobierno.



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